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Entre tomar el ajo crudo, cocinado o en suplementos hay diferencias importantes.
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El ajo
El aliado ideal para que tú cuerpo experimente algunos cambios de beneficios absoluto
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| El ajo fresco es potente para eliminar y agregar muchos beneficios a tu cuerpo |
Que sí, que comer ajo da mal aliento; pero, ¿y si ofreciera más cosas positivas que negativas al cuerpo? Por ahí está la idea de que comer este alimento crudo nada más comenzar el día reporta numerosos beneficios para la salud.
CuídatePlus plantea esta cuestión al nutricionista Vicente Clemente, para ver hasta qué punto uno puede creer en las bondades del ajo.
“El ajo contiene pequeñas cantidades de vitaminas y minerales; entre ellos, vitamina C, algunas del grupo B, selenio y otros micronutrientes”, indica el experto.
Sin embargo, aclara que lo más relevante de este alimento “no es tanto su perfil vitamínico, como sus compuestos azufrados”, responsables de buena parte de su olor y de muchos de sus efectos biológicos.
En este sentido, “pueden modular el estrés oxidativo, la inflamación y algunas rutas metabólicas relacionadas con lípidos y glucosa, entre otras funciones”.
Sobre los beneficios reales que tiene consumir un diente de ajo al día, “lo más prudente es decir que puede aportar beneficios modestos, pero no milagrosos”, aclara Clemente, quien añade que la evidencia clínica más consistente apunta a pequeñas mejoras en algunos marcadores cardiovasculares, sobre todo en la presión arterial y el perfil lipídico, especialmente en personas que ya presentan hipertensión o alteraciones metabólicas.
“Las revisiones y metaanálisis recientes apoyan que la suplementación con ajo puede reducir de forma significativa la presión arterial y mejorar algunos parámetros cardiovasculares, aunque el efecto depende de la dosis, la duración y la forma de preparación”, subraya. Eso sí, insiste, extrapolar estos datos a “un diente al día” no siempre es exacto, porque muchos estudios usan extractos o suplementos estandarizados, no dientes frescos aislados.
En cambio, para otras promesas muy populares, como “subir mucho las defensas”, “desintoxicar”, “curar infecciones” o “prevenir cáncer” con un diente diario, la evidencia humana es mucho más débil o insuficiente: “Hay señales interesantes en estudios mecanísticos y algunos ensayos, pero no una base sólida para hacer afirmaciones fuertes a nivel clínico”.
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| El ajo aporta beneficios , pero no hace milagros |
Entre tomar el ajo crudo, cocinado o en suplementos hay diferencias importantes.
Según Clemente, “desde el punto de vista bioquímico, el ajo crudo o machacado y dejado reposar unos minutos antes de cocinarlo, suele preservar mejor parte de su potencial”.
Aun así, reconoce que el ajo cocinado también mantiene otros compuestos bioactivos, solo que el perfil cambia.
Por otra parte, los suplementos no son todos iguales. Algunos preparados, como el ajo envejecido, aportan compuestos distintos, tienen la ventaja de ser más tolerables para algunas personas.
“De hecho, buena parte de los ensayos clínicos positivos en presión arterial y lípidos, se han hecho con extractos concretos, no con ajo culinario común”.
No todo el mundo tolera el ajo de la misma forma, pues este puede dar ardor, náuseas, gases, hinchazón o malestar digestivo. Esto es especialmente frecuente en personas con síndrome de intestino irritable, por ejemplo.
Además, agrega Clemente, el ajo y sobre todo sus suplementos pueden aumentar el riesgo de sangrado o potenciar efectos antiagregantes, así que “hay que tener precaución en personas que toman anticoagulantes, antiagregantes, o que van a someterse a cirugía o procedimientos invasivos”.
También puede haber problemas en personas con reflujo importante, gastritis sensible o intolerancia digestiva marcada: “En esos casos, obligarse a tomar ajo a diario ‘por salud’ puede ser contraproducente. En dosis culinarias suele ser seguro para la mayoría, pero con suplementos la prudencia debe ser mayor”.


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