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El hígado uno de los órganos más importantes del cuerpo humano aquí te decimos como salvarlo

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Hígado graso 





Cenar tarde o pesado eleva el riesgo de hígado graso: qué dice la ciencia y cómo prevenirlo

Los problemas del hígado 

Estudios de salud relacionan horarios de comida y cenas con alteraciones metabólicas que pueden favorecer la enfermedad hepática por disfunción grave.



La relación entre los horarios de comida y la salud del hígado ha cobrado atención en investigaciones recientes que vinculan las cenas tardías o abundantes con mayor riesgo de desarrollar MASLD, una condición relacionada con acumulación de grasa hepática, alteraciones metabólicas y posibles complicaciones cardiovasculares.



La evidencia reseñada por el National Institutes of Health (NIH) indica que los ritmos circadianos influyen en la forma en que el cuerpo procesa nutrientes, y que alterar esos ciclos puede afectar funciones metabólicas clave. En ese contexto, comer en horarios nocturnos o concentrar gran parte del consumo calórico al final del día ha sido asociado con progresión de grasa en el hígado.

Durante la noche, el hígado reduce procesos ligados al metabolismo de nutrientes y prioriza funciones de reparación. Según investigaciones citadas por el NIH, en ese periodo aumenta la producción hepática de lípidos y disminuye la sensibilidad a la insulina, condiciones vinculadas con acumulación de triglicéridos en hígado y abdomen.

Los reportes también señalan que esta desincronización metabólica puede presentarse tanto en personas con obesidad como en personas con peso normal, en especial cuando existen factores genéticos asociados.






El Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán advierte que omitir comidas como desayuno o almuerzo puede llevar a concentrar la ingesta energética en la noche, modificando el equilibrio entre gasto energético y descanso metabólico.




Según esa institución, el uso menos eficiente de la glucosa en horarios tardíos puede favorecer resistencia a la insulina y acumulación de grasa hepática. A ello se suma la acción de la melatonina, relacionada con el sueño, que puede interferir con la respuesta insulínica.



De acuerdo con el NIH, comer de madrugada puede incrementar en más del 60% la probabilidad de desarrollar daño hepático significativo. El mismo conjunto de estudios asocia una distribución calórica concentrada en horas diurnas con menor incidencia de hígado graso.





Las investigaciones también incluyen a trabajadores nocturnos entre los grupos con mayor exposición a este riesgo, debido a la alteración sostenida de los ciclos circadianos y a horarios irregulares de alimentación.


La sensibilidad a la insulina cambia a lo largo del día y alcanza niveles más altos en la mañana, mientras desciende hacia la noche. Bajo ese patrón, consumir carbohidratos y grasas en cenas tardías puede favorecer picos de glucosa e impulsar procesos relacionados con formación de grasa en el hígado.

El NIH ha documentado que este esquema alimentario está vinculado con alteraciones metabólicas que pueden favorecer el desarrollo de MASLD, particularmente cuando se combina con baja sensibilidad a la insulina y presencia de melatonina.





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